02. ENDOCRINOLOGÍA.
La testosterona es la hormona más estudiada en relación con la agresión en adolescentes y adultos, a pesar de que los resultados obtenidos en los diversos estudios realizados quedan lejos de ser concluyentes y consistentes. A la hora de conocer cuál sería el papel de la testosterona en la agresión y violencia sexual, nos encontramos con que existen distintas variables que pueden tener efecto sobre esta relación, variables como la experiencia previa y las diferencias individuales. La línea seguida mayormente por los experimentadores es la de afirmar que la testosterona es un factor fundamental para la agresión, con lo cual, si redujésemos los niveles de testosterona en el cuerpo debería reducirse el nivel de agresividad en el individuo, y esto no es siempre así. Su relevancia como marcador biológico pierde ventaja frente a la que la asocia con el éxito social. Los jóvenes con niveles más altos de testosterona suelen destacar más socialmente, son más aceptados, tienen mayor éxito que los que muestran niveles más bajos. Estos últimos sin embargo, son los que presentan mayor agresividad y conductas violentas. Podemos encontrar otras inconsistencias a la hora de realizar las investigaciones en humanos, como pueden ser asumir que los niveles de testosterona son estables a lo largo del día, no tener en cuenta los factores ambientales y cómo estos pueden afectar a dichos niveles, las edades de los grupos tomados como muestra, los tipos de agresión ejercida por los sujetos y la relación que pueden tener otras hormonas con la testosterona a la hora de generar conductas agresivas. Un ejemplo de esto último sería la relación del cortisol con la testosterona. Los bajos niveles de cortisol basal han sido relacionados con las conductas antisociales y agresivas tanto en adultos como en adolescentes y niños. Una baja actividad del eje Hipotálamo-hipofiso-adrenal es característica de las conductas agresivas y antisociales crónicas, cuya aparición se da en edades tempranas y se mantiene en la adultez. Los sujetos con niveles bajos de cortisol muestran una asociación más fuerte entre testosterona y agresión manifiesta. En este sentido, el cortisol tendría un papel modulador entre la testosterona y la agresión. También son importantes en la relación con la expresión de la agresión los efectos que provocan otras hormonas como son la prolactina y los estrógenos. Como se puede observar, los procesos psicoendocrinológicos que regulan los comportamientos son mucho más complejos que la simple asociación entre una hormona y una conducta.