VALIDACIÓN EMOCIONAL

Una de las cualidades que nos define como humanos es la capacidad de relación. Desde muy temprana edad, buscamos comunicarnos con nuestros referentes, nuestros cuidadores primarios, dado que es en esa interacción en la que se va a ir desarrollando el concepto que tengamos de nosotros mismos. En un principio, esta comunicación es únicamente implícita, dado que todavía no se han desarrollado los núcleos cerebrales cognitivos. Necesitaremos sentirnos seguros y acogidos para poder permitirnos expresar lo que sentimos sin miedos, y una buena forma de alcanzarlo es a través de la validación de las emociones.  Estas características nos acompañarán a lo largo de toda nuestra existencia, de ahí la importancia de conocerlas, poder ponerlas en práctica cuando las identifiquemos.

Se podría decir que la validación de las emociones es una práctica de aceptación sincera y auténtica de las emociones de otra persona sin juzgarla, sin darle consejos, sin intentar cambiar nada en el momento en que se esté produciendo la interacción. El que expresa sus emociones ha de notar esa autenticidad del que las recibe, de tal manera que sienta que realmente le importa su experiencia. Como receptores no tenemos que estar necesariamente de acuerdo, tampoco pensar en cómo reaccionaríamos nosotros, ni siquiera si tiene lógica lo que expresa el otro o no. Toda expresión emocional es producto de un contexto particular, una subjetividad, que se ha creado en la historia de vida de esa persona en concreto, no hay dos iguales. Así, validar las emociones de los demás se refiere al hecho de tener empatía, comprender y hacerle sentir al otro que puede estar seguro para expresar su experiencia emocional, la del momento. Veamos un ejemplo.

Un día, al llegar a casa después de salir del colegio, Pepita, de 8 años de edad se encuentra con que  su tortuga ha muerto. Sufre el impacto de la pérdida y busca a su papá para contarle lo sucedido.

NIÑAPADRE
Se ha muerto mi tortuga. Esta mañana estaba viva  No te disgustes tanto cariño. No llores, sólo era una tortuga  
(Llora, se enfada)  ¡No es para tanto! ¡Mañana te compraré otra tortuga!  
No quiero ninguna otra  Tranquila no pasa nada, todas son iguales  

En este caso no hay comunicación, es imposible de establecer. No se crean vínculos entre ambos. Veamos una segunda opción

NIÑAPADRE
Se ha muerto mi tortuga. Esta mañana estaba viva  ¿Qué me dices? ¿Ha muerto Tortu?  
Era mi amiga  Perder a un amigo puede ser muy doloroso  
Le enseñé a hacer algunos trucos  Sí, os divertíais mucho, hacíais cosas juntas …
Le daba de comer todos los díasRealmente querías mucho a Tortu

Si damos la oportunidad, se gestionan y exteriorizan las emociones,  puede  crearse un vínculo seguro, de cercanía y con conciencia de poder recurrir a la otra persona. La niña se abre y sigue explorando sus sentimientos. Reconocerlos por parte del padre es validar los sentimientos de la niña, que acaba sintiéndose mejor en su dolor y tristeza por la pérdida.

El otro muestra comprensión al que habla. Expresa que está escuchando y comprendiendo al que se abre manifestándolo al menos con un mínimo de respuestas.  No hay crítica.  No se da ningún intento de cambio, de interpretación o de crítica de la experiencia vivida. De esta muestra un alto grado de exactitud o captura algunos aspectos importantes de la experiencia del otro dando como resultado que este se sienta comprendido.

También muestra aceptación de la experiencia del otro, y le comunica que sus sentimientos, necesidades y conductas son válidas y tienen sentido. Esto se hace tanto verbal como emocionalmente, mediante la expresión facial, la mirada y el tono de la voz. Esta confirmación ayuda a co-construir un sentido de la identidad del otro más fuerte mediante la confirmación de la realidad de su experiencia, y validándole de este modo.

VAIDACIÓN EN TERAPIA

La terapia se basa en la comunicación. El recurso del terapeuta para crear un espacio especial y contactar con la experiencia del paciente es precisamente a través de la comunicación. En este sentido, tanto la expresión verbal como la no verbal son fundamentales en terapia. El terapeuta relacional crea las condiciones especiales para que puedan germinar las experiencias propias de cada persona.

En los momentos iniciales de la terapia (y después también aunque de modo especial en estos primeros momentos), las metas son estar en contacto con el paciente y  establecer un vínculo de colaboración cálido y empático. Esto ayuda al paciente a sentirse comprendido, a relajarse y poder focalizarse en su experiencia interna. El terapeuta está presente, disponible y atento a la experiencia que el paciente está explorando y comunicando, tanto verbal como no verbalmente. El terapeuta sintoniza empáticamente con los sentimientos que el paciente va mostrando, preferentemente con los que se dan en el presente. Las repuestas empáticas del terapeuta -las cuales se focalizan consistentemente en la experiencia interna del paciente-, sirven también para entrenar a éste, de forma implícita, para que atienda a su experiencia interna. El terapeuta comunica comprensión, reconoce el dolor del paciente, valida su lucha interior y se focaliza en el impacto emocional que los acontecimientos tienen en su vida.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s