ENVIDIA Y CELOS. DÓNDE SE ORIGINAN

Tanto los celos como la envidia se originan en nuestra infancia, si bien en diferentes momentos de nuestro desarrollo psíquico.

M KleinSegún Melanie Klein, la envidia se da en el bebé durante su primer año de vida, como respuesta a la dependencia e indefensión del niño respecto a la madre. El niño hambriento envidia a su madre por el poder que tiene ésta de alimentarle o no. En este primer vínculo del bebé con la madre radica la base de la futura relación del bebé con el mundo. Así, si el vínculo es amoroso y bueno, el sentimiento que desarrolle será de seguridad y confianza hacia los demás. Si este vínculo no se crea de esta manera, el bebé desarrollará la envidia primera arraigándola fuertemente, convirtiéndose en un futuro en un adulto envidioso. Cada vez que el adulto sienta envidia, estará reabriendo las heridas de esa primera infancia, con todo su poder destructivo.

Melanie Klein decía también que la envidia es una emoción más primitiva que los celos. El deseo que impulsa a éstos es tratar de proteger una relación personal de un mal exterior. Si existiera envidia, la persona afectada sentiría el impulso de destruir a la persona que goza de la ventaja envidiada, que tiene el poder de hacernos felices y prefiere no ejercerlo.

Freud

Según Freud, los celos se gestan alrededor del tercer año de edad, durante la etapa edípica propia de la fase fálica. Los niños pasan la mayor parte del tiempo con su familia, especialmente con sus padres, motivo por el cual sienten sus primeros impulsos sexuales hacia ellos. Estos impulsos vienen acompañados de antipatía hacia las personas que pueda entender como rivales. Esta rivalidad es la base del complejo de Edipo, y éste a su vez es la razón de la existencia de los celos. Los niños se enamoran del progenitor de sexo contrario al propio, y entienden como competidor, duro competidor, al del mismo sexo. La manera de superarlo es identificarse con el progenitor respectivo, padre o madre, convertirse en un igual. Pues bien, todos estos sentimientos negativos que el niño ha tenido durante la infancia quedan grabados en su psique, y reaparecerán en la edad adulta cuando se tope con situaciones de rivalidad similares a las que acontecieron con sus padres durante los primeros años de su vida.

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