AGRESIÓN SEXUAL

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04. AGRESORES SEXUALES. 

Las investigaciones realizadas con respecto a conocer cuáles son las bases que empujan a una persona a agredir a otra sexualmente no son concluyentes. Encontrar aspectos distintivos, así como confirmar si estos aspectos pueden ser integrantes del perfil de los agresores, ayudaría a encontrar acciones preventivas o reeducadoras.

Se deben tener en cuenta las bases biológicas. El impulso sexual y el interés por el sexo tienen una base genética y están modelados por procesos de aprendizaje y por la socialización específica de cada individuo (Marshall, 2001). En este sentido, la testosterona adquiere protagonismo como impulsora de la actividad sexual. Sin embargo, en la relación dada entre los niveles de testosterona y la agresividad sexual, los resultados de los estudios son desiguales. Cabría señalar que a medida que los hombres aumentan la edad, los niveles de testosterona bajan, perdiendo cada vez más importancia la relación entre los niveles hormonales y el impulso sexual. Según Marshall, sólo se dan niveles anómalos de esteroides en algunos delincuentes sexuales diagnosticados como sádicos

Los factores sexuales ocupan otro lugar importante en el estudio del agresor. Los delincuentes sexuales piensan mucho en el sexo, no necesariamente desviado o delictivo. Un número elevado de ellos ha sido anteriormente víctima de abusos sexuales en el pasado. Para Marshall, es posible que las agresiones sexuales sean tan sólo una respuesta al estrés, que se lleva a la práctica porque reduce temporalmente el malestar del agresor. Tanto violadores como pedófilos, no responden a estímulos visuales, como puede ser la visualización de escenas de violación o de incesto. Sus respuestas suelen ser generalmente normales.

La mayoría de agresores sexuales tienen un nivel de autoestima muy bajo, lo cual les empuja a manifestar y ejecutar actos violentos que les compensen este déficit, eligiendo como objetivos aquéllos percibidos como más accesibles, frágiles y débiles, como son las mujeres y los niños (Baumeister, Smart y Boden, 1996). Su nivel de empatía es mínimo, suelen tener problemas de relación, realizan interpretaciones egoístas de su entorno. Estas son las causas de que no sean conscientes del daño emocional que están realizando.

Los agresores sexuales tienen una percepción distorsionada de sus acciones. De manera subjetiva, interpretan las reacciones de sus víctimas en su propio favor, llegando a creer que no solamente aceptan las acciones que les inflige el agresor, sino que además disfrutan con ellas, que realmente las desean.

Con respecto a los rasgos de personalidad de los agresores, encontramos diferentes interpretaciones. Básicamente son dos las razones que justifican esta diferencia: por una parte, la manera de enfocar y entender el concepto de ”alteración de la personalidad”, y por otra, la dificultad que entraña el que los delincuentes no hablen libre y abiertamente de sus actos y pensamientos. El rasgo que con más frecuencia suele aparecer entre los delincuentes es el de la psicopatía. Los expertos en este tema concluyen que no se puede cambiar las preferencias sexuales, así como tampoco se puede hacer con respecto a la orientación hacia un sexo determinado o la inclinación por cierto tipo de prácticas sexuales.

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