ESTRÉS Y SALUD

01. DESCRIPCIÓN BIOPSICOSOCIAL

A partir de los años 30 empezamos a manejar el concepto de estrés en niveles coloquiales, académicos y probablemente científicos. Es aquí desde donde tiende a formarse el concepto que tratamos y conocemos hoy en día como estrés. Lo relacionamos con algo negativo, que supone adversidad y cierto tipo de rechazo.

¿Estrés es lo mismo que ansiedad, que depresión? ¿Dónde empieza y acaba cada uno de estos conceptos? Nos encontramos con la necesidad de delimitar cada uno de estos términos.

Llama la atención que después de más de medio siglo aún siga siendo necesario delimitar el significado del término “estrés” en diversos medios de divulgación científica. Y es que probablemente no haya otro término en Psicología sobre el que haya más ambigüedad y abuso. Hoy en día todo el mundo parece hablar del estrés. Puede oírse no sólo en las conversaciones diarias, sino también a través de los medios de comunicación, en conferencias, etc. Todavía muy poca gente define el concepto de estrés con el mismo sentido o se preocupa de intentar una clara definición. La palabra estrés significa cosas distintas para diferentes personas. El hombre de negocios piensa en él como si se tratara de una frustración o tensión emocional, el controlador aéreo como un problema de concentración, el bioquímico y el endocrinólogo como un fenómeno puramente químico, el atleta como una tensión muscular…

Tal vez por eso el conocimiento que tenemos actualmente sobre el estrés resulta bastante difuso y heterogéneo. Es un cierto sentido, el abuso del término ha contribuido a crear notable difusión que ha llegado incluso a notarse en los círculos científicos. Tal diversidad hace difícil ofrecer una presentación comprensiva sobre el estrés y sus aspectos psicopatológicos. No obstante para clarificar el problema nada mejor que hacer una pequeña alusión al significado de los primeros usos del término estrés.

Se entiende por estrés una tensión corporal o mental resultante de factores que tienden a alterar el equilibrio existente. Por ejemplo, un frío extremo estresa nuestros cuerpos si no llevamos las ropas adecuadas. Un estresor es aquello que desafía la integridad o la salud del cuerpo. Una respuesta de estrés es la reacción compensatoria que produce el cuerpo frente a la alteración causada por el estresor. Podemos distinguir entre estrés físico y estrés psicológico. Hablamos de estresores físicos cuando se trata de acontecimientos que tienen un valor directo de amenaza física para el bienestar de un persona como son el frío, el calor, la infección, las sustancias tóxicas… Los estresores psicológicos son desafíos a nuestro bienestar a causa de cómo los percibimos, como son una decepción personal, el sonido de unos pasos en una calle oscura, etc. Esto provoca unas respuestas fisiológicas que empiezan con sucesos que no son físicamente amenazantes, a los que llamamos estresores psicológicos. Las respuestas fisiológicas y las emociones que las acompañan surgen debido a que constituyen desafíos para nuestras expectativas a cerca de nosotros mismos o del mundo o porque ellos señalan el potencial peligro físico incapacitante.

Cuando el organismo se activa ante una situación estresante, entre los cambios que se observan destacan:

  • Rápida movilización de la energía que permanece almacenada
  • Incremento de la frecuencia cardíaca y respiratoria y de la presión arterial
  • Paralización de la digestión
  • Disminución del impulso sexual
  • Inhibición de la actividad del sistema inmunitario

Si la situación estresante dura lo suficiente, se produce una reacción analgésica al dolor de tal forma que se embota la capacidad de percibir las estimulaciones nocioceptivas y, finalmente, se observan ciertos cambios característicos en las capacidades sensoriales y cognitivas del organismo de tal manera que se activa y mejora el funcionamiento de la memoria y los sentidos se agudizan. Todos estos cambios preparan al organismo para enfrentarse ocasionalmente a situaciones de emergencia en las cuales el medio demanda del sujeto que movilice todos sus recursos para afrontar en las mejores condiciones posibles la situación. Por todo ello, el organismo paraliza todos aquellos sistemas fisiológicos cuya actividad puede posponerse temporalmente, y concentra toda la energía disponible en los sistemas que son decisivos para hacer frente a la demanda. No es de extrañar que se inhiba temporalmente la libido, el proceso digestivo o incluso la actividad del sistema inmunitario y, por el contrario, que se incremente la presión arterial o se agudicen los sentidos. La respuesta de estrés cumple, por lo tanto, una función muy adaptativa en la supervivencia del individuo.

El término estrés ya fue empleado a partir del s. XIV para referirse a experiencias negativas, tales como adversidades, dificultades, sufrimiento, aflicción, etc. Sin embargo, en el s. XVII, por influencias del biólogo y físico R. Hooke, el concepto de estrés se asocia a fenómenos físicos como presión, fuerza, distorsión (strain). Hooke lo aplicó a estructuras fabricadas por el ser humano (por ejemplo, puentes) que tienen que aguantar el efecto de fuerzas diversas. A partir de este autor, los físicos e ingenieros empezaron a emplear tres conceptos relacionados basados en las características físicas de los cuerpos sólidos, denominados carga (load), distorsión (strain) y estrés (stress). Así pues, desde un punto de vista físico el estrés ha sido definido como una fuerza interna generada dentro de un cuerpo por la acción de otra fuerza que tiende a distorsionar dicho cuerpo. Los tres conceptos fueron adoptados por la fisiología, psicología y sociología e influyeron en el desarrollo de las teorías sobre el estrés. El término carga en general derivó en estas ciencias al término de estresor, para hacer alusión al estímulo inductor de estrés. Los términos de estrés y strain, sin embargo, habitualmente se han confundido subsumiéndose ambos en el primero para denotar un estado del organismo (estado de estrés); no obstante a veces se pueden encontrar diferenciados, reservándose el término de estrés para referirse al estímulo, objetivamente mensurable, y el de strain para indicar la respuesta individual (diferente en cada persona) al estresor.

A partir de este marco de referencia general, el concepto de estrés va a aplicarse de forma diferente según el sesgo del científico. Así, mientras que los enfoques fisiológicos y bioquímicos consideran el estrés en términos de respuestas, las orientaciones psicológicas y psicosociales, al poner más énfasis en la situación estimular, han tendido a asumir el estrés como un fenómeno externo, focalizado en el estímulo. Nos encontramos, por tanto, ante dos tipos de perspectivas, las que enfatizan el componente externo (estresor) y las que enfatizan el componente de respuesta fisiológica. Se propuso otro componente, los factores psicológicos o subjetivos (cognitivos) que median entre los agentes estresantes y las respuestas fisiológicas del estrés. Estas tres orientaciones, es decir, estrés focalizado en la respuesta, en el estímulo y en la interacción marcarán el desarrollo de la teoría general del estrés y de su aplicación al campo psicopatológico, y así mismo clarificarán, cada una a su modo, lo que debe entenderse bajo el concepto de estrés. Básicamente, se puede observar que el estrés es un fenómeno complejo, que implica al menos a estímulos y respuestas, y a procesos psicológicos diversos que median entre ambos.

Diversos investigadores han contemplado el estrés desde ópticas distintas y lo han definido de diferente forma de acuerdo con su propia orientación.

Canon fue el primero en utilizar el término estrés, con relación a la homeostasis, que se refiere al equilibrio de un organismo, de forma que, al ser descompensado por un agente externo, tiende inmediatamente a recuperar su situación anterior. Hans Selye, doctor en medicina pionero sobre la investigación del estrés, lo definió en términos fisiológicos como una respuesta corporal ante cualquier demanda de una situación. Describe el Síndrome General de Adaptación, que consiste en un conjunto de reacciones fisiológicas coordinadas con las que el organismo responde ante cualquier agente procedente del  exterior (agente estresante). Esta respuesta tiene tres fases:

  • Alarma: en las que se movilizan las defensas del organismo (se pone en marcha el eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal
  • Adaptación: en la que el organismo se acopla y las hormonas liberadas (corticoides) vuelven a la normalidad
  • Agotamiento: se produce si la adaptación no se produce y el agente estresante sigue actuando.          

Selye utilizó el término distrés para referirse al estrés perjudicial o no placentero. Expresado de esta forma, el estrés es en gran parte lo mismo que un estado de ansiedad, miedo, preocupación o agitación. Las experiencias agradables y satisfactorias provienen de lo que Selye denomina eustrés. Este es el estrés positivo. El eustrés aumenta la conciencia, incrementa la alerta mental y con frecuencia conduce a desempeños cognitivos y comportamentales superiores.

La perspectiva psicológica es iniciada por Wolff, que habla de estrés vital como respuesta específicamente humana a distintos tipos de agentes nocivos y amenazas que proceden del ambiente social del sujeto. Richard S. Lazarus lo definió como el juicio cognitivo del individuo que nos produce temor al pensar que sus recursos personales serán incapaces de dar respuestas a las demandas generadas por un acontecimiento particular. Sistematiza de forma definitiva el concepto de estrés. Para él es un proceso complejo que abarca desde los estímulos estresantes a la respuesta del organismo pasando por los procesos intermedios psíquicos y biológicos. Plantea como eje central la sensación de amenaza que desencadena la respuesta psicobiológica y que tiene que ser previamente conocida por el sujeto. El estrés está presente como una parte del ciclo normal de la vida. Tales acontecimientos se refieren  al estrés normativo. En cambio, el estrés no normativo implica algún acontecimiento imprevisto. Holmes y Rahe destacan el valor de los acontecimientos vitales como agentes productores de estrés y crean un cuestionario autoaplicable con 43 tipos de sucesos cada uno con su puntuación.

2 comentarios

  1. Esto es ¡increíble! No he leído algo como esto antes . Gratificante encontrar a alguien con algunas ideas propias sobre este tema. Este blog es algo que se necesita en la blogoesfera , alguien con un poco de sinceridad. Un trabajo útil para traer algo nuevo a Internet. Gracias de todos lo que te leemos.

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    1. Te pido perdón por haber tardado tanto en contestar. No soy muy bueno en lo referente al blog, digamos que estoy en fase “aprendiz” jajaja. Dicho esto, quisiera agradecerte tu comentario, pues para mí es doblemente satisfactorio: por lo que dices en sí, de lo cual insisto y reitero mi agradecimiento; y un segundo aspecto que tiene más que ver con la finalidad del blog, pues como escribí al principio mi única intención es compartir conocimiento y experiencias, pero de una manera didáctica y personalizada. Yo también te doy las gracias.

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