ESTRÉS Y SALUD

04. PROMOCIÓN DE LA SALUD: RECOMENDACIONES PSICOLÓGICAS Y CLÍNICAS

La noción de conducta de enfermedad proviene del ámbito de la sociología médica. Cuando se utiliza desde el ámbito de la psicología de la salud se refiere, comúnmente, a las quejas que un paciente refiere sobre su estado de salud a pesar de que no exista evidencia alguna de tipo médico que pueda justificar tales quejas. Esta conducta arrastra en ciertos casos ganancias secundarias en forma de atención, afecto, delegación de responsabilidades que desarrolla y mantiene un modo de expresar la enfermedad. Aun cuando la conducta de enfermedad puede tener una entidad independiente, mantiene una estrecha relación con el estrés, ya que se ha constatado que las personas que se encuentran bajo presión usan con una mayor frecuencia los servicios de salud que los que no lo están. El estrés se asocia además a una serie de síntomas entre los que se encuentran ansiedad, depresión, fatiga, insomnio, sudoración, temblor o nerviosismo, que algunas personas interpretan como síntomas de alguna enfermedad y por eso buscan tratamiento médico. En otros casos, la persona desempeña el papel de enfermo para evitar enfrentarse a situaciones estresantes de la vida cotidiana, lo que facilita la cronificación de dicho papel.

El estrés puede inducir directamente efectos psicológicos y fisiológicos que afectan directamente a la salud. Sin embargo, el estrés puede influir también de una manera más indirecta, en concreto a través de la elicitación o mantenimiento de conductas no saludables. Las conductas relacionadas con la salud (CRS) han sido definidas como constitutivas de una vía mediante la cual las variables ambientales (sucesos vitales, apoyo social) y personales pueden afectar a los mecanismos e incrementar el riesgo a enfermar. El vivir bajo situaciones estresantes suele asociarse a una reducción de conductas de salud y a un incremento de conductas nocivas para ésta. Por ejemplo, algunas personas incrementan el consumo de tabaco y alcohol, o conducen el coche de forma más arriesgada. Este tipo de comportamientos podrían considerarse como estrategias de afrontamiento nocivas, ya que son tomadas por el individuo para reducir el estrés.

Se ha sugerido que el apoyo social reduce la frecuencia de CRS no saludables. Las personas que viven bajo situaciones estresantes hacen más ejercicio físico y evitan más el alcohol o el tabaco cuando gozan de apoyo social elevado, en contraste con personas que, bajo situaciones estresantes semejantes, poseen reducido apoyo social.

También las variables disposicionales han sido vinculadas a la práctica de CRS nocivas. La conducta tipo A, por ejemplo, se ha relacionado repetidamente con el consumo elevado de alcohol y con el hábito de fumar, y el neuroticismo parece correlacionar negativamente con la práctica continuada de ejercicio físico. Así, se estudia la relación entre sucesos vitales y la salud, controlando la posible implicación de conductas como la ingesta de alcohol, el fumar o la dieta, cuando en realidad el estrés psicosocial o las variables disposicionales pueden ejercer sus efectos sobre la salud a través de estas variables.

La implicación de las creencias personales de salud se ha demostrado para conductas CSR como la participación en programas preventivos de screening de cáncer de mama y las conductas de demora en personas que necesitan ser atendidas médicamente.

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