ESTRÉS Y SALUD

03. TRATAMIENTO DEL ESTRÉS

Si nuestras reacciones al estrés no dependen totalmente de lo que ocurre, sino de nuestra manera de percibirlo, entonces la manera en que sentimos depende en gran medida de la manera como afrontamos los acontecimientos que nos suceden, es decir, como el resultado de una transacción entre la persona y el ambiente. Ahí encontramos la clave. La manera de sentir, pensar y actuar es producto de mutua relación entre individuo y acontecimientos. Todas nuestras experiencias, buenas o malas, son filtradas a través de nuestra personalidad, nuestra historia y nuestra perspectiva de la vida. En definitiva somos nosotros quienes determinamos cuál de esas experiencias será constructiva y cuál será degradante y lo hacemos, en parte, por el modo de reaccionar frente a la forma que va adquiriendo nuestra vida.

No existe una única manera, son tantas como personas, pues en su constitución y desarrollo intervienen los filtros que las experiencias, los déficits, los excesos, las vivencias adquiridas desde temprana edad a través de nuestra mente implícita (durante los primeros tres años de vida es como funciona nuestro cerebro), nos van a procurar. De ahí las diferencias entre dos personas a la hora de afrontar idénticas situaciones: para cada una tiene un significado diferente, porque cada una la ha pasado por sus propios filtros.

Está claro que ante el estrés el organismo en bloque reacciona tanto en el aspecto biológico o corporal como en el psicológico. Como consecuencia actúa como desencadenante de enfermedades sobretodo del sistema inmunitario. La hipertensión, la úlcera gastroduodenal, los trastornos del ritmo intestinal (estreñimiento y diarrea), el infarto, el descenso de las defensas y la propensión a las infecciones, la tensión premenstrual, todo tipo de trastornos psicosomáticos y hasta el cáncer están íntimamente relacionados con el estrés. El estrés mantenido provoca agotamiento físico y cansancio psicológico. Éste es el origen de situaciones de total agotamiento aunque no se haya hecho nada, porque el cansancio es psíquico.

En relación con la enfermedad, el estrés produce cambios que podemos medir en distintos sistemas del cuerpo humano. Ante una situación de estrés se producen en el sistema cardiovascular una serie de cambios característicos mediados por la activación del Sistema Nerviosos Simpático. Éstos incluyen el incremento de la frecuencia cardíaca y la constricción de las arterias principales que provocan el aumento de la presión arterial. En particular, las arterias del sistema mesentérico, que canalizan la sangre al tracto digestivo, así como las arterias que suministran sangre a los riñones y la piel se constriñen, facilitando el aporte sanguíneo a la musculatura y al cerebro. Por otra parte, la vasopresina u hormona antidiurética secretada por el hipotálamo vía hipófisis posterior hace que los riñones frenen la producción de orina, provocando una disminución de la eliminación de agua, efecto que aumente el volumen sanguíneo y también con ello la presión arterial. Este conjunto básico de cambios prepara al sujeto para la situación estresante que le demanda un esfuerzo especial. Ahora bien, si este tipo de situaciones se repiten a lo largo del tiempo se produce un desgaste en el sistema cardiovascular que acaba degenerando en algún tipo de patología. La multiplicidad de las ramificaciones es muy grande. Cuando esta capa de pared vascular sufre algún daño, los ácidos grasos, los triglicéridos y el colesterol que se vierten al torrente sanguíneo ante la respuesta de estrés se abren paso a través de unos puntos en la pared vascular, adhiriéndose a ella, engrosándola y provocando el consiguiente estrechamiento de la luz del vaso. De este modo, el estrés puede facilitar la aparición de placas ateroscleróticas. El corazón, el cerebro y los riñones pueden sufrir importantes patologías. Lo que hace el estrés es precipitar el fallecimiento de las personas en un estado de salud cardiovascular muy comprometido.

En el caso de las úlceras, encontramos que el rebote de los ácidos gástricos se produce tras un periodo de sobreactivación intensa.  Ante este tipo de situación, el organismo tiende a reducir su producción y simultáneamente, también se reduce el engrosamiento de las paredes del estómago, puesto que no es necesario protegerse tan intensamente de ellos. Cuando finaliza la respuesta de estrés y se recupera la ingesta normal, las paredes del estómago no se encuentran suficientemente protegidas para soportar las cantidades normales de ácidos, de tal manera que, si repetidamente se pasa por este ciclo de periodos de disminución de la secreción normal, puede aparecer algún tipo de úlcera gástrica. De esto se desprende que la úlcera no se forma tanto en presencia del agente estresante cuanto en el periodo de recuperación. Por otro lado, es de sobra conocida la sensibilidad del intestino al estrés. Es por eso que se han puesto en relación el estrés con el Síndrome de Intestino Irritable, un cuadro caracterizado fundamentalmente por el dolor y cambio de hábito intestinal. En este cuadro, parece que el estrés puede agravar la sintomatología, si bien no se ha podido implicar como factor etiológico. No obstante, parece que estos pacientes no se habitúan con igual facilidad que las personas asintomáticas a las condiciones estresantes, lo que sienta las bases para el desarrollo del cuadro en términos de conducta de enfermedad.

Con respecto al sistema endocrino, se puede poner en relación el estrés y la diabetes en el adulto, una de las enfermedades más comunes en la población de mayor edad en las sociedades industrializadas. En este tipo de diabetes, denominada tipo II o diabetes no insulino-dependiente, el problema no reside en que haya poca insulina, sino que las células no responden a ella, debido fundamentalmente a la tendencia de la población occidental a ganar peso con la  edad. Al llegar a la adolescencia el número de células adiposas ya no se modifica, por lo que la obesidad en el adulto se asocia con la distensión en este tipo de células y no con su crecimiento en número. Ello provoca a su vez una menos sensibilidad de las células a la insulina. Esta falta de respuesta a la insulina es la causa del exceso de glucosa y ácidos grasos libres en la sangre que, al no poder ser acumulados en las células adiposas, pueden formar placas ateroscleróticas en las arterias, obstruir los vasos sanguíneos o propiciar, por ejemplo, la acumulación de proteínas en los ojos dando lugar a lo que conocemos como cataratas. El estrés facilita estos procesos a través de dos mecanismos. Por un lado, las hormonas de la respuesta de estrés hacen que todavía más glucosa y ácidos grasos entren en el torrente circulatorio. Por otra parte, ante una situación de estrés. la inhibición de la secreción de insulina y los glucocorticoides hace que las células adiposas sean menos sensibles a la insulina. Por lo tanto, el estrés crónico en una persona propensa a padecer diabetes puede constituir un elemento coadyuvante de suma importancia de cara a la concreción de esta enfermedad.

El funcionamiento del Sistema Inmunitario puede verse modificado por los efectos del estrés. La activación intensa y prolongada de la rama simpática del sistema nervioso autónomo suprime la acción inmune, mientras que la activación parasimpática produce un aumento de la actividad inmune a través del incremento de anticuerpos y citotoxicidad celular.  Por su parte, la elevación de gluicocorticoides detiene la formación de nuevos linfocitos en el timo y disminuye la sensibilidad de los mismos a las señales de alerta. Además, los glucocorticoides pueden expulsar los linfocitos de la corriente sanguínea e incluso destruirlos a través de una proteína que rompe su ADN. En este sentido se ha constatado clara relación entre la disminución de la función inmunitaria y los agentes muy intensos, así como con los agentes estresantes cotidianos. El estrés psicológico puede tener un efecto nocivo sobre la salud física y particularmente, sobre el funcionamiento inmunológico del organismo. El efecto del estrés puede ser amortiguado por las redes de apoyo social.

Con respecto a la sexualidad, los glucocorticoides bloquean la respuesta de los testículos a la hormona luteinizante , LH, eliminando la posibilidad de que, si hubiera restos de LH en la sangre, esta hormona quedase activa. En definitiva, el organismo se ha adaptado para evitar cualquier gasto de energía que puntualmente pueda ser innecesario cuando el medio ambiente demanda la reacción total del individuo ante una situación potencialmente peligrosa. En tales situaciones, el sexo puede esperar. Un segundo aspecto de la respuesta sexual que también aparece comprometido cuando el hombre se estresa es la erección. Para que la erección se produzca es necesaria la activación del sistema nervioso parasimpático. Si el hombre está ansioso o estresado, su organismo se encuentra presa de un estado de activación autonómica del sistema nervioso simpático, por lo que es difícil que se produzca la mínima activación parasimpática para que haya erección, en cuyo caso hablaríamos de un estado de impotencia. Disfunciones específicas femeninas como la dispareunia o el vaginismo también pueden tener una etiología psicológica ligada al estrés.

Como vimos, no todas las personas responden igual ante el estrés, dependiendo de cada reacción de la personalidad individual, de los mecanismos de defensa que se ponen en marcha y de las circunstancias socioambientales que concurren en cada momento.  Prácticamente todas las personas, cada una en su medio, se encuentran sometidas al estrés, unos se defienden adecuadamente y otros se vienen abajo. Para afrontarlo, hay que estructurar todo un plan que se apoya en las siguientes medidas:

  • Actitud psicológica: en todo momento hay que conocer aquello a lo que uno se enfrenta, las exigencias que le impone y las posibles consecuencias. Valorar las propias aptitudes a la hora de seleccionar el modo de vida y las actividades. Conviene prepararse para cada situación esperando de ella lo que va a traer consigo, ni más ni menos
  • Mantener una vida sana desde el punto de vista higiénico, dietético y físico: llevar una dieta equilibrada y completa (que contenga todos los principios inmediatos y cubrir las necesidades del organismo), evitar el tabaco, el café y el alcohol, y realizar ejercicio físico con regularidad, son puntos básicos para mantener la forma física y evitar la sobrecarga de las tensiones estresantes.
  • Mantener una situación afectiva estable y satisfactoria es básico para afrontar el estrés. El estar encajado afectivamente, tener amigos, llevarse bien con los otros y tener un apoyo social es imprescindible
  • Organizar el trabajo y el resto de la actividad de modo que el consumo y la recuperación de energía esté controlado
  • Dedicar diariamente un tiempo a las propias aficiones
  • Mantener una comunicación regular y diaria con otras personas
  • Programar las actividades sin agobios, no hacer más de una cosa cada vez y no empezar una nueva tarea hasta no haber acabado la anterior
  • Evitar las responsabilidades excesivas y no querer abarcar más de lo que se puede
  • Aprender a tomarse un tiempo para cada cosa
  • Tener en cuenta que nada es definitivo ni irremplazable, todo puede ser y todo se puede hacer

Las estrategias de afrontamiento pueden ser estables a través de diferentes situaciones estresantes. Muchos autores han modificado las instrucciones de respuesta, de tal forma que el sujeto, en lugar de responder según un contexto específico, debe estimar cada una de las conductas o pensamientos según los utilice de forma característica cuando se encuentra en estados de estrés. Dicho de otra manera, lo que se hace es preguntarle a la persona cómo afronta usualmente el estrés, en lugar de cómo afronta encuentros específicos de estrés. Esta orientación implica una metodología más tendente a la multidimensionalidad (varias estrategias de afrontamiento). No implica, por otra parte, aspectos asociados a defensas del yo.

El afrontamiento se entiende como los esfuerzos conscientes para manejar el estrés. Las dimensiones del afrontamiento se consideran como disposiciones generales que llevan al individuo a pensar y actuar de forma más o menos estable ante las diversas situaciones estresantes. Las estrategias de afrontamiento no se reducen a un proceso ni a disposiciones personales, sino que se deben a una interacción de ambos factores. Los individuos tienen tendencias a usar ciertas estrategias de afrontamiento transituacionalmente. El afrontamiento se categoriza según tres dimensiones:

  • Constructivo. Se refiere a los esfuerzos dirigidos a tratar con los sucesos estresantes de una manera directa y confrontativa
  • Pasivo. Incluye soluciones dirigidas a la emoción, mediante las cuales nada puede hacerse respecto a cambiar la situación o moverse de ella.
  • De escape. Hace referencia a las acciones que implican salirse del campo de la física o psicológicamente

Las personas tienen preferencias en el empleo de estrategias de afrontamiento. El afrontamiento focalizado en el problema es una orientación hacia la tarea, mientras que el afrontamiento focalizado en la emoción es una orientación hacia la persona. La estrategia orientada hacia la persona incluye respuestas emocionales, autopreocupaciones y reacciones fantásticas. La evitación incluye bien estrategias orientadas hacia la persona (visitar a un amigo), bien orientadas hacia la tarea (alejarse de la situación durante un tiempo). Cuando el individuo está menos implicado sentimentalmente con el evento, el afrontamiento suele ser más efectivo. El sentimiento de separación no implica negación ni intentos de evitar el estrés, y puede ser también distinguido de las estrategias orientadas hacia la tarea. Las respuestas de afrontamiento al estrés pueden clasificarse sobre la base de dos conceptos, el método utilizado y la focalización del problema. De acuerdo con el método, las respuestas pueden ser activas o de evitación. Según la focalización, pueden orientarse hacia el problema o hacia la emoción. Así mismo, cada respuesta puede ser de naturaleza activa o mental. En base a estos criterios, es posible establecer ocho categorías generales de afrontamiento:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s