SOBRE LA DEPRESIÓN

04. INTERVENCIÓN. PREVENCIÓN. 

¿Qué podemos hacer los psicoanalistas al respecto?. Por un lado, intervenir cuando la patología ya se ha desarrollado y afecta a la persona. En nuestra intervención debe sobresalir el afán de respeto, comprensión y acogimiento por ella, nuestra neutralidad y adaptación a sus necesidades, con la finalidad de que cree su propia ética, que adapte los conceptos y los resemantice para crearla, con la mínima influencia por nuestra parte. A fin de cuentas, la experta en su vida es ella misma. Existe otro aspecto que podemos tratar, y sería el preventivo. A través de la divulgación didáctica, podemos hacer llegar a las personas este tipo de conocimiento. Al menos, sembrar en ellas la semilla, teniendo claro que somos seres complejos y que no va a tener el mismo resultado para todos igual. Podemos lograr que se muevan las conciencias de los adultos, crear dudas razonables sobre su entorno, que nazca en ellos la voluntad de poner fin a sus malas relaciones y vinculaciones afectivas pasadas entre los miembros de la familia y así mejorar la de sus hijos, potenciando un futuro mejor para ellos. Y a los niños, de la misma manera que se les persuade en temas como las drogodependencias o la sexualidad, hacerles hincapié en la importancia de crear buenos vínculos. De esta manera la labor psicoanalítica abarca, en un bucle intercomunicado, el tratamiento individual y también el social, puesto que del mejor equilibrio de uno depende el del otro.

Cielo-Infierno

Vivimos en un mundo en el que la tecnología y la comunicación están por todos sitios. Cualquier niño sabe manejar móviles y todo tipo de artilugios para “estar conectados” con el entorno. Paradójica y lamentablemente, la intimidad de las relaciones está ausente en la mayoría de los casos, la fuerza y las características empobrecidas de los vínculos, creados sobre unas bases poco firmes y sólidas, nos dirigen sin remisión hacia un mundo autista afectivo.  En esta evolución, me llama la atención observar un grupo de adolescentes sentados en un banco, con los móviles en la mano y “wasapeando” sin parar. Calidad de vida.

Quiero finalizar citando al profesor Cencillo, quien al respecto de lo aquí hablado, escribió:

“Nacemos sin programar y la infancia se nos va en que nos programen; las más de las veces nos lo hacen mal (o enganchamos mal con lo que nos dan) y no acertamos a saber querer, ni siquiera a sabe lo que se quiere” (Cómo no hacer el tonto por la vida. Bilbao: Editorial Desclée de Brouwer, S.A. 2000, p.25)

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