Mentalización. La conexión entre lo implícito y lo explícito

03. MENTALIZACIÓN Y APEGO

El apego es un sistema filogenético universal cuya función en la evolución es la de proveer protección debido a la proximidad física con el cuidador.

El desarrollo óptimo en el marco del apego seguro (Bowlby) ofrece al infante confort emocional, sentimiento de seguridad y base segura para la exploración. La base segura no solo permite la exploración del mundo exterior, permite también la del mundo interior: el mundo de la mente. La respuesta materna apropiada favorece el desarrollo en el niño de la capacidad para reflexionar sobre sus propios estados mentales y sobre los estados mentales de los otros.

Desde un punto de vista biológico, la función del apego es garantizar la supervivencia de la cría. No solamente respecto a la protección hacia los depredadores, otorgando seguridad para explorar el entorno. También es necesario que la figura de apego garantice la supervivencia emocional de la cría. Desde el momento en que nacemos nos sentimos angustiados por las carencias que tenemos, porque somos incapaces de valernos por nosotros mismos. Siendo así, los bebés dependen totalmente de la figura de apego, que es de quien esperan que les regulen los afectos a través de la seguridad sentida. Para que el bebé pueda alcanzar un grado de apego seguro y una capacidad de mentalización consistente, los padres han de ser capaces de contener y elaborar esa angustia producida al sentirse indefenso.

Veamos cómo ocurre esto. Los padres contienen las emociones que su bebé no es capaz de manejar. Para ello le transmiten el mensaje de que entienden la causa que le está produciendo la angustia, con lo que le trasfieren empatía. Otro aspecto que le transmiten al bebé es que son capaces de afrontar dicha angustia y poder gestionarla satisfactoriamente. Por último, son capaces de reconocer en el bebé su postura intencional, es decir, que el bebé puede inferir las intenciones que subyacen a su conducta. Este reconocimiento será la base de una futura capacidad de mentalización en el bebé. De la misma manera, a través de esta forma de interacción consiguen que el bebé confíe en el vínculo de apego como un lugar donde refugiarse y una base segura desde la cual explorar y conocer, tanto su entorno exterior como su mundo interior. Hallamos aquí la relación entre la regulación de los afectos y emociones, el apego seguro y la mentalización en el bebé.

De esta manera se crea una regulación recíproca entre los padres y el hijo. El reflejo que los padres hacen al hijo es muy importante. Debe ser lo más parecido posible al estado emocional del niño (marcado y contingente). Así es como el niño logra descubrir sus propias emociones, y que éstas pueden ser reconocidas y compartidas por los otros. Se desarrolla a la vez su capacidad de reflexionar, la mentalización, comenzando a responder a la experiencia desde los propios estados mentales, dejando de lado la respuesta a las realidades físicas. Esta es la forma como el niño comienza a experimentar que tiene una mente propia.

Llegados a este punto, podemos hablar de que Mentalización y Apego están interrelacionados, teniendo un función trascendental en el buen desarrollo psíquico de la persona. Si los padres no disponen de un buen sistema de mentalización, no serán capaces de ofrecer a sus hijos un estilo de apego seguro, a la vez que el apego seguro es el responsable de procurar el contexto necesario para activar el potencial mentalizador del niño. La capacidad de mentalización es un logro del desarrollo que se da en el contexto de un vínculo afectivo seguro.

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