SOBRE LA DEPRESIÓN

01. APROXIMACIÓN CONCEPTUAL. HISTORIA

Depresión es un término difícil de definir y de explicar por sus múltiples matices y formas de manifestarse. Está presente en distintos niveles de la vida del ser humano, esto es, en el aspecto biológico y orgánico, en el social y relacional y por último en el psíquico y mental. Podemos entenderla como un desajuste bioquímico en las conexiones entre las neuronas debido a la disfuncionabilidad de ciertos neurotransmisores, lo cual provoca una sintomatología específica y concreta en el individuo. Un cúmulo de acontecimientos vitales negativos, o uno solo de ellos, nos conduce a un estado afectivo de abatimiento y desgana, que si se prolonga en el tiempo y en función de nuestras habilidades para afrontarlo puede convertirse en una forma de interactuar con los demás que produzca rechazo hacia la persona. Por último, lo podemos apreciar como un estado del ser. La persona afectada vive permanentemente en un estado de tristeza y apatía que la sume en un nivel vital ínfimo, desganada constantemente y sin ilusión por las cosas que le rodean y, lo peor de todo, no sabe de dónde nace este estado porque no logra entender la razón de ser de esa tristeza que le paraliza.

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A lo largo de la historia de las civilizaciones han existido referencias a estados del ser que describían y definían estas características, estos comportamientos del hombre y para explicarlos han acudido a lo que, podríamos decir, tocaba en cada momento de la evolución de la humanidad. Sacerdotes, filósofos, poetas, médicos e investigadores han tratado durante más de tres mil años de darle explicación a la depresión. ¡Y todavía no sabemos qué es exactamente lo que la provoca!. Se han estudiado las causas físico-químicas, las alteraciones biológicas, las motivaciones psicológicas, los condicionamientos socio-culturales, que pudieran determinar diversas alteraciones de trastornos psíquicos. La finalidad siempre ha sido la de establecer relaciones etiopatogénicas para, de este modo, plantear distintos tipos de posibilidades terapéuticas. Esto me hace creer que todo este cúmulo de averiguaciones, de aportaciones y de conocimiento debe permitirnos poder llegar a la descripción de situaciones patológicas comprensibles. Y acentúo el término patología o situación patológica, que no enfermedad, y mucho menos una enfermedad mental. En su libro “Abordaje terapéutico de ancianos” (1998), Luis Cencillo decía:

“…el griego páthos, que significa también enfermedad, al contrario que en latín tiene un sentido primario más bien psicológico, no físico. Por eso puede hablarse con propiedad de una patología psíquica y no es en cambio propio llamar a eso una enfermedad”

 En la misma obra concluía que tampoco es apropiado el término mental, puesto que no existe un correlato orgánico para la mente, a pesar entender que para que exista necesita una base como el cerebro. Son seres que tienen un padecimiento, y este padecer es de tipo afectivo, libidinal o pulsional que “son áreas más flexibles que los procesos lógicos de la vida mental”.

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